BLOG

Clímax Estúpido

clímax Estúpido

Crecí en un ambiente muy competitivo, con la mala suerte de que mi padre muriera cuando yo tenía 11 años. Aprendí a aceptar la derrota. Tiriac habla en su luminosa habitación del hotel Palace de Madrid. Tantea un café solo y fuma cigarrillos Parliament extrafinos. Ya se ha comido un yogur. No toca las pastas. Viste con desencanto bigote a lo Pancho Villa y camisas de sastre con sus iniciales. Son las señales del lujo.

El sello de un hombre al que la revista Forbes atribuye una fortuna equivalente a millones de euros. El valor de una cosa se sabe el día que quieres venderla. Mi hijo me pregunta: Es por el Tiriac, Tiriac, Tiriac. Quieren cerrar el negocio conmigo. Después, que lo maneje otro. Es lo malo del negocio. Cuando las adolescentes marcaban tipo con camisetas en honor de Ilie Nastase, sex symbol y tenista genial, Tiriac estaba allí.

Su figura de guardaespaldas nudoso guió la carrera de Boris Becker. Y su sombra se proyectó sobre la economía y la política rumana tras la caída del comunismo y la ejecución del dictador Nicolae Ceausescu, en Me gustaría creer que alguno acierta, pero es tarde para eso. Somos todos rehenes de la incertidumbre, no hay convicción que valga para alejar los ecos ominosos de la noche del 8 de noviembre.

Aun si enfrente hay un sol esplendoroso y el horizonte insiste en resplandecer, me persigue la lluvia pertinaz de la noche del martes, la mañana del miércoles, el choque emocional del que no estoy seguro de haber salido. Hablemos o callemos, no entendemos un pito. Nada que nos ayude a pensar bien las cosas, y al contrario. Una vez que el imbécil se arroga la certeza de ser listo y consigue entramparnos en su telaraña, nos miramos pequeños e impotentes, a la medida de su conveniencia.

Nos necesita histéricos, acobardados, blandos, puestos para imponernos sus negras condiciones. Parecería que hablo por mis compatriotas, pero éste es un problema universal. Me niego a cerrar filas con tantos victimistas que viven a la espera del primer viento adverso para llamarse esclavos del imperio y rasgarse al unísono las vestiduras. Si ahora mismo me diera por citar a los gringos que considero dignos de admiración, no alcanzaría el tiempo ni el papel para llevar a cabo el menor intento.

... Clímax Estúpido

Clímax Estúpido

: Clímax Estúpido

FOTOS AMATEUR PUTAS GUIA PUTAS 51
Putas hermosas sujetar con correa Digitación Francia
Clímax Estúpido 951
GOLDENSHOWERS CABEZA Masajes ysexo maledom
SEXO GRUPAL GAYS Mi clímax Estúpido me pregunta: Tantea un café solo y fuma cigarrillos Parliament extrafinos. Quieren cerrar el negocio conmigo. El sello de un hombre al que la revista Forbes atribuye una fortuna equivalente a millones de euros. Aun si enfrente hay un sol esplendoroso y el horizonte insiste en resplandecer, me persigue la lluvia pertinaz de la noche del martes, la mañana del miércoles, el choque emocional del que no grandes pollas gay masturbación seguro de haber salido.
5 Nov Soy inteligente para saber cuándo soy un estúpido. En el principio de todo estuvieron las bombas. Los aviones enemigos. La posguerra. 10 Jun Este test de selección simple determinará si usted es estúpido, muy estúpido, peligrosamente estúpido y o si no tiene salvación. se hace un repaso de todos los aspectos y grupos humanos en los que impera la estupidez (que constituyen el clímax de la sátira); y los caps.

Residencia universitaria gay sin cortes

Es por el Tiriac, Tiriac, Tiriac. Quieren cerrar el negocio conmigo. Después, que lo maneje otro. Es lo malo del negocio. Cuando las adolescentes marcaban tipo con camisetas en honor de Ilie Nastase, sex symbol y tenista genial, Tiriac estaba allí. Su figura de guardaespaldas nudoso guió la carrera de Boris Becker. Y su sombra se proyectó sobre la economía y la política rumana tras la caída del comunismo y la ejecución del dictador Nicolae Ceausescu, en Ya pago cada mes a unas Ya tengo una responsabilidad enorme".

Tiriac tiene su propia Terminal en el aeropuerto de Bucarest. No se siente reflejado. Al día siguiente era un héroe con la selección.

La gente cambia de un día a otro. No busco la notoriedad. Soy lo que soy. Ion Tiriac se despide con el mismo gesto serio con el que se explicó ante el fotógrafo hace una hora, cuando se negó a sonreír.

Y se quitó la americana para empezar a hablar. El empresario y ex tenista tiene una fortuna de millones de euros. Parecería que hablo por mis compatriotas, pero éste es un problema universal. Me niego a cerrar filas con tantos victimistas que viven a la espera del primer viento adverso para llamarse esclavos del imperio y rasgarse al unísono las vestiduras. Si ahora mismo me diera por citar a los gringos que considero dignos de admiración, no alcanzaría el tiempo ni el papel para llevar a cabo el menor intento.

Hay que ser tan idiota como los extremistas de aquel lado para minimizar una cultura como la norteamericana, de la cual no nos hemos cansado de nutrirnos y beneficiarnos. Muchos de ellos igual menospreciaron a la estupidez y hoy es ella la que los menosprecia. Pobre de ella, al final. Tampoco se imagina todo lo que le espera. La derrota de los partidos. No es López Obrador, sino la envestidura. Vivir sin oposición, la otra victoria de AMLO.